jueves, 21 de febrero de 2013

De vuelta...


¡De vuelta en Tianjin! La verdad es que este mes en casa se me ha pasado volando y no tenía muchas ganas de volver a China… estuve un poco “xof” en el viaje de vuelta, pero una vez que estás aquí piensas: bueno, ya fue! A disfrutar lo que se pueda!

El vuelo fue bien. Viajaba sola pero como mi escala era de 50 minutos, fue bajarme de un avión y subirme en otro. Después de comida en el avión, 2 películas, 3 capítulos de series, desayuno y dormir bastante…las casi 10 horas de vuelo se me pasaron volando (y nunca mejor dicho).

Este semestre me he cambiado de habitación y estoy en el piso 12. La verdad es que estamos casi todos aquí. Mi habitación es la 1226, Marc vive a mi lado y Fiamma y Carolina enfrente de Marc. Así que estoy encantada: la presión de la ducha es mejor, la habitación es más grande, no hace falta encender la calefacción porque entra bastante calorcito por la ventana…eso sí, ¡la luz del lavabo sigue siendo una mierda!

Estos días la verdad es que no he hecho mucho. Estaba un poco descolocada y acostumbrada a compartir habitación con Meri, era bastante aburrida estar sola. Pero, ¡ya ha vuelto!

Hemos vuelto las dos cargadas de comida, así que el armario está lleno de cosas…pero seguro que las gastaremos enseguida porque ni un mes en casa te hace volver con ganas de comer arroz todos los días.

El lunes comenzamos las clases, pero la primera semana es para probar niveles. Mi amiga Sara viene a visitarme justo esta semana, así que faltaré algunos días a clase para ir a visitar cosas con ellas. Pero a partir del día 4 prometo ir a clase todos los días, que no puedo faltar a clase hasta mayo… (guiño, guiño).

Y eso es todo por ahora, intentaré estudiar algo de chino estos días (aunque no prometo nada) y espero que internet funcione como hasta ahora, pero me parece a mí que cuando vuelvan todos los chinos, volverá a funcionar como antes, es decir, FATAL.

Espero que por allí todo vaya bien y espero recibir noticias vuestras, ya sea por correo o whatsapp. También podéis intentar por facebook pero no prometo que pueda entrar a responderos, así que prefiero que os comuniquéis conmigo de las otras dos maneras.

Un beso para todos desde Tianjin

sábado, 5 de enero de 2013

Año nuevo lejos de casa


Brindemos por un año más, un año menos… Parece mentira pero 2012 ya ha llegado a su fin y yo aquí en China. Quién me iba a decir a mí hace un año que iba a estar celebrando la entrada al nuevo año tan lejos de casa. La verdad es que después de cuatro meses aquí, me hubiera gustado estar en casa para celebrarlo con la familia, pero, por suerte, también tengo una pequeña familia en Tianjin que hacen que estas fiestas sean más llevaderas.

Además, los chinos son tan majos, que nos han puesto exámenes en estas fechas. Ya he acabado los exámenes y en todos he sacado excelentes yeah bitches!  Pero no os penséis que soy una crack porque nada que ver. Aquí en China, el ir a clase y esforzarte lo valoran mucho y si el examen lo haces medianamente bien, tienes buena nota asegurada. 

Pero aunque tengamos exámenes, no íbamos a estar aquí encerrados sin celebrar la entrada al nuevo año. Así que nos arreglamos y nos fuimos a un restaurante a cenar. Después, nos fuimos a otro a tomar algo y a esperar que llegaran las doce.

A las 11 de la noche, brindamos por la llegada del 2013 en Japón, porque Takuma estaba con nosotros y justo cuando se acercaba la hora en China comenzaron a poner música. El gran momento fue que entramos en el nuevo año bailando la macarena en China.

Después fuimos a una discoteca cerca de ese bar a bailar un rato y de vuelta para la residencia. Ese mismo día, habíamos comprado uvas, así que Marc, Meri, Ari y yo decidimos esperar hasta las 7 de la mañana para poner TVE y comernos las uvas con las doce campanadas. Ari se fue a dormir y antes de las siete vino a nuestro cuarto. Meri y yo nos quedamos un poco dormidas, pero Mark fue el campeón que estuvo despierto hasta las 7. ¡Ole tú!

A las 6.30 de la mañana me puse a hacer skype con mi familia y luego a quitarle las pepitas a las uvas y a esperar que Imanol Arias y la Igartiburu se callaran de una vez (sí, teníamos sueño y nos estaban rallando con tanta charla. Además primero nos desean lo mejor a los que no estamos en casa y luego nos dicen que se han comido un bocadillo de jamón… ¡malas personas!) y comenzaran las campanadas. Dong! Dong! Y así hasta 12, y como cada año, con la boca a petar de uvas, nos deseamos el nuevo año.

El resto sigue como siempre: pasamos frío, jugamos a la brisca, a Meri y a mí nos siguen confundiendo, cotilleamos, seguimos pensando que los chinos están medio locos, nos reímos por tonterías….y estudiamos chino de vez en cuando (que para eso estamos aquí).

En esta entrada no me voy a enrollar mucho porque simplemente os quería desear un buen año nuevo. Espero que 2013 sea mucho mejor que 2012 y que todo lo que deseéis se haga realidad. Espero que disfrutarais mucho de la noche y no os atragantarais con las uvas.  

Un beso muy grande para todos y ¡feliz año nuevo!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Y llegó el frío invierno...


Sí chicos, ese momento que todos temíamos (o almenos yo) ha llegado. Y ese momento es cuando la temperatura máxima y la mínima están bajo cero. Es muy divertido estar a -2 o -3 cuando son las dos de la tarde, pero lo más divertido es que lo peor está por llegar. Según algunos chinos, esto no es frío todavía. Yo no sé qué va a ser de mí, por eso escribo ya en el blog, para que sepáis que si no doy más señales de vida, es que me he convertido en cubito de hielo y no puedo teclear.

En general aquí la vida es bastante monótona, pero para paliar el frío, siempre hay anécdotas que contar y actividades que hacer.

1. El país del sol naciente. En nuestra clase hay un japonés muy majo que se llama Takuma que se piensa que los españoles estamos medio locos (sobretodo Meri) pero que, en el fondo le caemos bien, y por eso muchas veces está con nosotros.  Pues bien, cuando estuvo Kiwin aquí, hicimos una cena china-española con las chinitas con las que hacemos tándem y también invitamos a Takuma.

Por eso, un día decidió invitarnos a una cena japonesa. La comida está muy rica. Hicimos un tipo de tortilla/pancake con harina y huevo y con verduritas y carne. Y luego unas bolas hechas con harina y agua rellenas de salchichas, queso y mochi. Lo mejor de todo es que para hacer las bolas tiene una especie de grill con agujeros donde echas la masa por encima y luego le va dando la vuelta con los palillos para que acabe en forma de bola. ¡Todo un arte! Meri, Mark y Fiamma intentaron hacerlas y no les salieron mal del todo. 加分儿, chicos! Mini punto!  Eso sí, lo mejor fue el postre porque a esas mismas bolas, les añadimos chocolate por dentro… ¡se nos hacía la boca agua!

Además, estamos aprendiendo algunas palabras en japonés gracias a Takuma. Hay algunas muy curiosas porque la pronunciación se parece a palabras en español pero el significado no tiene nada que ver.

                - Unacasita: Tengo hambre
                - Chotomate: espera un momento
                - Mochilon: por supuesto

Nota: Por favor, si alguien que estudia japonés está leyendo esto, ya sé que está mal escrito pero cuando hablas suenas así y es gracioso.

2. Deporte: Cada lunes, los de la oficina internacional, han organizado unas jornadas deportivas. Es decir, aquellos que quieran, van al gimnasio de la uni a jugar a diferentes “deportes”. Y lo pongo entre comillas porque el único deporte de verdad es el bádminton y el resto son pingpong, billar, indiaca y clase de taichí. Menos el segundo día que jugamos a pingpong , el resto de días estamos jugando a bádminton. Al principio, daba bastante pena, pero poco a poco le voy cogiendo el tranquillo y voy mejorando. Creo que esta idea del deporte, es la mejor idea que han tenido los de la oficina de internacionales desde que llegué aquí.

La semana que viene ya es la última clase, pero quién sabe, alomejor seguimos yendo por nuestra cuenta porque la verdad es que es bastante divertido.

3. Una enfermedad llamada brisca: Todo empezó hace un mes y medio, cuando alguien sugirió jugar a la brisca. A partir de ese momento, la cosa ha ido de mal en peor. Lo que comenzó con un simple juego, ya es una adicción y jugamos día y noche.  Para jugar siempre hacemos equipos para que sea más táctico y por eso tenemos que ser cuatro o seis para jugar. Entonces siempre ocurre ese momento en el que volvemos de comer o cenar, nos sentamos un rato en el lobby, nos miramos (aunque mentalmente estamos contando las personas que somos), algunos empiezan a sacar cosas de la mesa y otra persona saca las cartas. Todo esto sin decir ni mu.

Otra situación graciosa es cuando estamos sentados y somos cuatro o seis y una persona decide ir un momento al lavabo o a su habitación y le preguntamos: Pero vas a volver, ¿no? Y no es porque estamos disfrutando tanto de su compañía que queremos que se quede (que también), sino porque sin ella no podemos jugar a la brisca.

Además, en chino para decir “cuidado”, se dice 小心 (xiaoxin) que significa “pequeños corazones”. Así que cada vez que alguien hace la traducción literal de esta palabra, todos estamos pensando en la brisca (porque jugamos con cartas de póquer).

Tenemos un problema serio, ¿verdad?

4. Amigo invisible: Este año para Navidad, hemos decidido hacer el amigo invisible con algunos amigos de nuestra residencia. La cosa queda así: cinco españoles, una portuguesa, dos italianas, una peruana y un japonés. Sí, los latinos siempre acabamos juntos pero esta vez hemos adoptado a un asiático que poco a poco va aprendiendo español.  La idea es ir a comer después de clase, (sí, tenemos clase 24 y 25, ¡¡yupi!!) y luego volver para darnos los regalos, en los que tiene que haber una pista en chino para que tu amigo invisible adivine quién eres. Además, como buenas catalanes que somos, también vamos a hacer “el caga tió” porque hemos comentado la idea a varias personas, y a todo el mundo le parece muy divertido que hagamos cagar a un tronco con cara.

Así que, aunque estemos lejos de casa, estamos buscando maneras para celebrar la navidad y poder sentirnos como en casa. Además, nuestros queridos padres no han mandado o nos están mandando cajas con embutido, turrones, polvorones... así que, aunque no tendremos gambas a la plancha, sopa de galets y otras cosas ricas que tenéis por esas tierras occidentales, algo en condiciones comeremos. 

Y eso es todo de momento, un beso desde Tianjin :D

jueves, 1 de noviembre de 2012

Un país de locos


Estas semanas he estado un poco desconectada del blog pero es que, os seré sincera, me daba pereza escribir y también he estado bastante ocupada. Principalmente, hay 4 cosas “importantes” que contar, así que allá vamos:

1.       Cena-tandem

El jueves de hace 2 semanas quedamos con las chinitas con las que Meri, Mark y yo hacemos tándem para ir a cenar 火锅  (huoguo- olla mongola). Por si no os lo había contado (que creo que no), cada miércoles y cada domingo quedamos con tres chicas que estudian español para practicar nuestro “pésimo” chino y ayudarlas con su español. Aquí en China es muy común que la gente que estudia idiomas elija un nombre en ese idioma porque piensan que así será más fácil de recordar para las personas hablantes de ese idioma. Pues bien, si ya os hizo gracia que mi nombre fuera Lao la, los nombres de estas chicas tampoco tienen desperdicio: Vera, Gloria y Delfina. Si me preguntáis el porqué de esa elección, no tengo ni p*** idea porque fonéticamente no se parece en nada a su nombre real. ¡Pero así son los chinos!

Pero bueno, volvamos a la historia. Quedamos con ellas a las 7 para ir a un restaurante a comer olla mongola, que consiste en una especie de olla en medio de la mesa con caldo y puesta encima de un fuego para que se caliente. Luego, pides diferentes platos (que te los traen crudos) y tienes que ir metiéndolos en la olla para que se hagan. Está realmente bueno, pero, si lo piensas fríamente, es un poco asqueroso porque en la misma olla, y sin cambiar el caldo, metes carne, verdura, pescado, tofu….pero oye, ¡sigo viva! El mejor momento de la noche fue cuando Gloria le pregunta a Mark:

-  Laura come muy poco, ¿por qué Laura come tan poco?

A todo esto, no paraban de ponerme comida en el plato y yo me la iba comiendo toda y además se lo dijo como medio susurrando pero, obviamente, yo lo escuché, así que imaginaros mi cara de “queestádiciendoestatia”.  Para rematar el momento le vuelve a comentar a Mark.

- ¿Laura come carne?

WHAT THE FUCK. Llevo media hora comiendo carne, y ¿ahora le preguntas que si como carne? En fin, aparte de este momento, la noche transcurrió sin percances y nos salió muy bien de precio. Pagamos 45 yuanes cada uno y nos pusimos las botas.


2.       F*** ME, I’M FAMOUS (Spanish Class  Version)
Vera, una de las chicas chinas con las que hacemos tandem, nos preguntó el día de la cena (véase punto anterior) si la podíamos ayudar a cocinar algo típico español para una clase de acto/reunión de estudiantes de español que había el miércoles siguiente. Nosotros, obviamente, le dijimos que estaríamos encantados de ayudarla.  Así que el miércoles, quedamos con ella en nuestra residencia para preparar 2 tortillas de patatas (porque en sus residencias no tienen cocinas…). Hasta aquí todo normal, ella compró los huevos y las patatas y nosotros preparamos las tortillas mientras ella nos corregía la exposición oral que teníamos que hacer ese viernes.

Después fuimos con ella al edificio donde hacemos clase para asistir a la reunión de estudiantes de español sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar. Nada más llegar vimos que la clase estaba llena de chinos y que no cabía un alma allí dentro pero Vera, insistió en que entráramos. Muertos de vergüenza, entramos en el aula y….todos los chinos que había nos comenzaron a aplaudir, a chillar, a hacernos fotos y los de primera fila se levantaron para que nos sentáramos. ¡Nos estaban esperando porque éramos los invitados de honor! Tanto Meri como Mark y yo comenzamos a partirnos de risa por lo surrealista de la situación y porque nos estábamos muriendo de vergüenza. Fue un tierra trágame en toda regla. Vera, mientras tanto, se estaba partiendo también al ver nuestras caras y yo, si no fuera tan sumamente encantadora, la hubiese matado en ese momento. Pero tengo que reconocer que #soyfan de esta chica.  

De golpe, una chica comenzó a cantar una canción lenta en español y yo no podía parar de reírme mientras una china me comenzó a hablar tan cerca que pensaba que me comía la oreja. La conversación fue más o menos así:

- En España, ¿el clima es más “serca”?
- ¿Más “serca”? (Poker face)
- Sí, cuando hay poco agua en el aire.
- ¡Ah! ¿Más seco?

A partir de ahí, más chinos salieron a bailar, cantar…y además nosotros tuvimos que participar también. Éramos los capitanes de 3 equipos y teníamos que hacer mímica para que los chinos de nuestro equipo adivinaran palabras tan básicas como “auscultar”, “asearse”…  (entiéndase la ironía)
Al final, nos dieron unos regalos (una cuerda para saltar, un hula-hop y una indiaca) y nuestras tortillas fueron un auténtico éxito. Así que al final la cosa fue mejor de lo que esperábamos!

3.       Examen de kouyu
O lo que viene siendo nuestra clase de oral. Nuestro examen consistía en hacer una representación en medio de la clase de una historia en grupos. Mark, Meri y yo pensamos en hacer “La caperucita roja” con un final alternativo: caperucita sabía kungfu y mataba al lobo de una patada. Peeeeero, nos enteramos que otro grupo hacía el mismo cuento, así que para no ser repetitivos decidimos cambiar y elegimos hacer “La leyenda de Sant Jordi”. EL reparto de personajes fue así:

Mark: profesor (porque al principio hacíamos una breve introducción de la fiesta), narrador y Sant Jordi. Para ser de profe iba con unas gafas de pasta y lo mejor vino cuando tuvo que hacer de Sant Jordi porque se puso una olla en la cabeza y llevaba una tapa como escudo y un cuchillo cutre como espada. ¡Auténtico!

Meri: la alumna lista y pelota de clase, reina (con corona y cetro real incluido) y dragón, que consistía en ponerse una sudadera verde.

Yo misma: alumna tonta de la clase que no sabía dónde estaba Cataluña, gente del pueblo que tenía que hacer reverencias cada vez que quería hablar con la reina y princesa (con corona incluida)

Además compramos una rosa de peluche y usamos mi pañuelo rojo como la sangre del dragón. Se nos fue mucho la pinza pero fue muy divertido prepararlo.

La representación fue todo un éxito y la gente no paraba de reírse. Pero todavía no sabemos la nota, así que esperemos que a la profesora le haya gustado tanto como al resto de la clase.

4.       Excursión a la Gran Muralla

El sábado 27 habíamos quedado a las 6.30 de la mañana en la primera planta de nuestra residencia para ir de excursión a una parte de la Gran Muralla que está cerca de Tianjin. En plan era perfecto: ir a la muralla, comer e ir a recoger fruta por tan solo 50 yuanes (no llega a los 10 euros).

Pero siempre tiene que pasar algo: había muchísima niebla y nos perdimos. Después de saber dónde teníamos que ir, pillamos caravana y en un peaje que teníamos que pasar, estuvimos parados como una hora y media porque estaba cerrado. Al final, a las 12.30 arrancamos y, después de 7 horas metidos en un autocar, nos paramos a comer a las 14.30 y de allí rumbo a la Gran Muralla.

¡La madre que parió al chino que decidió construir la muralla!

Todo eran escaleras y más escaleras: altas, bajas, más anchas, más estrechas… Yo pensaba que me iba a morir. Llegó un punto que estaba en medio de la montaña y continuaba subiendo y decidí parar e ir bajando porque solo faltaba media hora para que volviéramos a Tianjin.

Hay que destacar que el paisaje es muy bonito y que es un sitio que vale la pena visitar, pero cansa mucho.
Hay un dicho popular que dice así (y con eso me despido):

不到长城非好
(Aquel que no ha subido a la Gran Muralla no es un verdadero hombre)

jueves, 11 de octubre de 2012

Aventuras por la capital


La semana pasada teníamos una semana de vacaciones por la Fiesta Nacional y decidimos ir a conocer un poco Beijing. La semana de antes, queríamos ir a comprar los billetes a la estación de trenes pero nos dijeron que cerca del campus había una tienda donde los vendían. Así que fuimos para allá y flipé en colores cuando vi que era una frutería. Dentro de esa tienda, había, en una esquina, una mujer que vendía billetes de tren y donde, después de estar un rato peleándonos con nuestro chino, conseguimos comprarlos. 55 yuanes (unos 6 euros) un billete de ida a Beijing con el tren rápido que dura media hora.  Antes de irnos hicimos un planning de lo que íbamos a visitar.

Día 1. Llegada a Beijing
Llegamos a la Estación de trenes de Beijing Sur y ya nos dimos cuenta de la cantidad de gente que nos íbamos a encontrar por la capital china. Salir de la estación fue locura máxima y en el metro también. Aunque tengo que reconocer que los metros en Beijing están bastante bien.

Después de dejar las maletas en el hotel (y después de pagar 600 yuanes de fianza, hola bona tarda?), nos dirigimos a la famosa calle de tiendas de Beijing, Wanfujing. Es una calle enorme llena de tiendas. Nos metimos en un centro comercial para comer y comer, comí más bien poco porque la comida picaba cosa mala. Me encontré un mechero en el restaurante y puedo aseguraros que con el mechero y con lo que me picaba la boca, podía hacer llamaradas dignas de un dragón.  Solo pude comer el arroz hervido insípido que te ponen como acompañamiento en todos los restaurantes chinos.

De allí, decidimos echar un ojo en el Mercado de la Seda y también hicimos un poco de shopping. Me compré unas “vans” por unos 7 euros.

Día 2. Recorriendo un poco la ciudad
Este día fuimos a visitar cosas “no muy turísticas” porque era justo el día después de la Fiesta Nacional y pensamos que los sitios más famosos estarían a petar. Así que por la mañana fuimos a un templo Lama llamado Templo Yonghe. Resulta que es uno de los más importantes después de los del Tibet. En la entrada nos hicieron descuento por ser estudiantes y la verdad es que me gustó mucho. Había gente rezando, había muchos pabellones llenos de budas de todo tipo y lo más impactante fue ver un buda de 18 metros tallado de una sola pieza.

Después queríamos buscar algún sitio para comer y dimos miles de vueltas pero al final encontramos un sitio de curry que estaba buenísimo. Además podías elegir si lo querías picante o no. Por poco menos de 5 euros comí un plato de arroz y pollo con curry.
Con el estómago lleno, nos dirigimos a la zona de exposiciones de arte 798. Había cosas bastante curiosas de arte contemporáneo y la verdad es un sitio interesante.

De allí, fuimos a la zona Olímpica. Nos habían recomendado ir de noche porque los edificios se iluminan. Y la verdad es que tiene su encanto. Nada más llegar, Mark y yo, al ver que la zona de césped hacía bajado, decidimos recordar viejos tiempos y hacer la croqueta. Después nos sentamos al lado de un lago a descansar. De repente, un señor nos comenzó a decir algo en chino y entendimos que nos teníamos que ir de allí. En un principio creímos que era porque iban a cerrar, así que nos encaminamos calle abajo para ver el estadio. Pero de repente, comenzó a sonar música y en el lago donde estábamos sentados antes, vimos que había empezado un espectáculo de agua, colores y música. Ya nos veis corriendo como locos para poder verlo. Good luck!  Tras el espectáculo, continuamos nuestro camino y nos hicimos alguna que otra foto en el estadio. Luego cena y para el hotel a descansar.

Día 3. Muerte y destrucción
Nos levantamos temprano y pusimos rumbo a Tiananmen donde pudimos ver la gigantesca foto de Mao. Justo allí también se encontraba la entrada de la Ciudad Prohibida. Había muchísima gente en todos lados y era casi imposible ver las cosas bien. Hubo un momento que intenté ver lo que había en el interior de un edificio pero los chinos no paraban de empujar por todos lados y al final decidí salir de aquella muchedumbre como pude porque era agobiante. Sin embargo, el sitio tiene su encanto. Al salir de allí, fuimos a comer y después de vuelta a la plaza de Tiananmen (tuvimos que rodear toda la Ciudad Prohibida para volver allí y os puedo asegurar que no es pequeña), donde para entrar hay que hacer cola y hay que pasar un escáner.

A continuación, nuestra intención era ir a Beihai Park…pero nos equivocamos y acabamos en la parte sur del parque. Porque “bei” significa norte. Estábamos tan cansados que no sabíamos cómo hacer para llegar al parque sin que se nos echara la noche encima. Al final, pillamos un taxi que fue más barato de lo que me esperaba.  El parque tiene mucho encanto y tiene buenas vistas de la ciudad pero nos comenzó a llover un poco y nos tuvimos que ir. Además, habíamos quedado con Jose (un amigo del Erasmus) en Wanfujing para ir a la calle de la comida, donde pudimos ver los pinchos de escorpiones, estrellas de mar, gusanos… Por si alguien se lo está preguntando, NO PROBÉ NADA.  Quiero añadir que fuimos andando desde Beihai hasta Wanfujing porque como había llovido los taxis eran carísimos y el metro estaba a tomar por culo, así que cuando llegué al hotel por la noche estaba para cogerme con pinzas.

Día 4. Turismo y compras
Ese día, y después de las pateadas que nos metimos el día anterior, “sólo” fuimos a visitar el Palacio de Verano. Y lo pongo entre comillas porque estuvimos unas 5 horas y no lo acabamos de ver todo. ¡Estos chinos siempre hacen todo a lo grande! De todo lo que he visitado, es mi favorito. Además, el tiempo nos acompañó y eso siempre se agradece.

Por la tarde volvimos al Mercado de la Seda para acabar de comprar algunas cosas a las que ya habíamos echado un ojo la vez anterior.

Día 5. Paseo y vuelta a casa
De este día no hay mucho que contar. Por la mañana fuimos a dar un paseo por una zona de hutongs, que son callejuelas antiguas donde puedes ver cómo viven los chinos y también hay alguna que otra tienda de antigüedades y caligrafía.

Después, de vuelta al hotel a acabar de recoger y para la estación de trenes. Tengo que admitir que cuando llegué de nuevo a Tianjin, me alegré de haber escogido este sitio como destino para estudiar porque es mucho más relajado y hay mucha menos gente que en Beijing.

Y después del rollo que os he metido, viene la parte divertida…

Las anécdotas del viaje

1.       ¡Mama, me estoy meando!  Eso es lo que debió decirle una niña a su madre dentro del metro para que la mujer la colora en una esquina al lado de unas de las puertas de salida para que hiciera sus necesidades tan tranquilamente. Mi cara al ver esto, ya os la podéis imaginar.

También debió decirle eso a su madre un niño que estaba en la plaza Tiananmen porque su madre lo cogió en brazos y lo puso encima de un cubo de basura para que hiciera sus necesidades.

2.       El arte de regatear. Lo admito, me he aficionado a esto de regatear. Todavía no soy una experta pero he aprendido unas cuantas técnicas. Me he dado cuenta que si sabes hablar un poco de chino, es más fácil conseguir algo por un precio bajo porque les hace gracia. Los vendedores son auténticos actores que hacen que se indignan cuando le dices un precio demasiado bajo (según ellos) pero cuando ven  que te vas, te llaman corriendo para que vuelvas.

A destacar el momento en que vi unos amuletos que me gustaban pero que sabían que iban a ser muy caros. Efectivamente, la mujer me pedía unos 960 yuanes por 2 amuletos. Le dije que no los quería, que eran muy caros y me preguntó cuál era mi precio. Le dije que 120 y la mujer se escandalizó diciendo que así perdía dinero. Subí a 140 pero ella seguía pidiendo más dinero. Al final me pedía 500 yuanes y de ahí no bajaba. Encima la mujer con todo su morro, me decía que si no tenía dinero, que lo pagara con tarjeta. Y yo venga decirle que no tenía más dinero y que no tenía la tarjeta de crédito allí (cosas que eran ciertas). Al final, al ver que no los iba a conseguir, decidí irme y de repente, me agarra del brazo y me dice: ‘Está bien, te los dejo a tu precio, 140 yuanes.’ ¡Bien por mí!

3.       F**** ME, I’M FAMOUS.  Los chinos tienen problemas mentales. Todavía no le encuentro la gracia de hacerse veinte mil fotos con extranjeros, pero así es. Cada vez que nos hacíamos fotos de grupos, se nos acoplaban unos cuantos chinos o sino, los que iban paseando, se paraban para mirar o hacernos fotos. Era tal cantidad de fotos las que nos hacían que comenzamos una competición de a ver quien conseguía más fotos. En el fondo, tengo que reconocer que nos gustaba y nos hacía gracia. Suerte que hemos vuelto a Tianjin y ya no nos sentimos tan importantes porque había momentos que se nos subía la fama a la cabeza.

4.       ¿Tu pelo es natural? Estando en el mercado de la Seda intentando ayudar a Mark a regatear el precio de unas bambas, una de las dependientas me comenzó a tocar el pelo porque le gustaban mis rizos y me preguntaba si eran naturales. También nos comenzó a mirar el color de los ojos. A Fiamma, le dijo que tenía la piel de una occidental (es muy blanquita) pero que el color de ojos era como el de los chinos.


¡Y eso es todo amigos!

Espero no haberos aburrido demasiado y que os haya gustado mi aventura por Beijing. Próximas entradas con más anécdotas de Tianjin. ¡Un beso!

domingo, 30 de septiembre de 2012

Es todo mentira


Nos engañan. Nos dicen que los chinos son muy trabajadores, pero lo único que hacen es estar en su puesto de trabajo sin hacer prácticamente nada. Hacen turnos de no sé cuantas horas y lo único que consiguen es que, cuando llegas a casa por la noche, veas al chico de seguridad de nuestro campus durmiendo en su silla y a la chica de recepción apoyada sobre un cojín también “descansando las ideas”.

¿Qué decir sobre las chicas? En las películas chino-japonesas, vemos a chicas trabajadoras, que cuidan mucho su imagen y que todos los hombres las desean. ERROR.  Cuando las ves por la calle con sus modelitos (moda china) piensas: ¡Oh, que mona! Pero de repente… PAM. ¡Levantan los brazos y ves que tienen unos pelos tan largos que casi los llegan al suelo! Quiero pensar que no es algo 100% extendido y que la mayoría de chinas se depilan…porque es realmente desagradable.

“Los chinos comen muy sano”. Tampoco es del todo cierto. Es verdad que cocinan con muchas verduras y que si sabes elegir bien los platos, son bastante sanos. Pero, cuando quieres comer un poco occidental, lo único que encuentras es pollo rebozado a lo KFC, hamburguesas, patatas fritas, pizzas, pasta… Es lo único que han importado de nuestra comida. Así que la única solución para no volver a casa rodando, es comprar comida en el supermercado y cocinar. (Aunque tengo que reconocer que a veces da mucha pereza porque sabes que a 500 metros de tu residencia puedes comer por 2 euros)


En especial, somos fans del restaurante chino de la tercera planta. El problema es que la carta está en chino (obvio) y no entendemos ná. Conocemos 4-5 platos que nos gustan y son los que siempre pedimos. ¡Pero comer siempre lo mismo es aburrido! Por eso, de vez en cuando, decidimos innovar. ¿Que cómo lo hacemos? Bien fácil, cogemos la carta, levantamos un dedo, echamos un vistazo rápido y decimos…

- ¡ESTE MISMO!

De golpe, uno de nosotros suelta:
- No, ¡que este lleva el carácter de picante!
- Ah cierto. Pues este otro entonces.

Y así es como vamos probando platos nuevos. Ya hemos probado platos que te ardían en la boca como fuego, otros que eran bastante comibles… Pero el mejor de todos fue un plato que estaba lleno de ajos enteros salteados y cuatro trocitos de carne. Nuestra cara cuando nos trajeron el plato era digna de ver. Lo mejor de todo fue que cuando elegimos el plato, yo estaba convencida que uno de los caracteres que aparecían, lo habíamos estudiado pero no me acordaba del significado. A partir de ahora, puedo prometeros que NUNCA OLVIDARÉ EL CARÁCTER DE AJO.

Además, quiero añadir el amor que le tienen los chinos a comer con palillos. Ayer, tuvimos una cena en nuestra residencia que preparaba nuestra universidad para todos los estudiantes internacionales. Aparte de que te traían platos salados y dulces todo mezclado. Comías arroz, te traían sandía y pasteles y de golpe, te volvían a traer tallarines, sopas… Quiero destacar el hecho de que tuvimos que comer patatas fritas y nuggets con palillos.

#soyfan
Desde aquí quiero hacer una campaña para extender el uso de palillos con cuchillo y tenedor en el otro extremo como en esta foto. 

martes, 25 de septiembre de 2012

Lao La, manos de mantequilla


Todo empezó una maravillosa noche. Habíamos comprado en el supermercado para cenar revoltijo de patata frita y huevo (cena saludable donde las haya, ¿eh?). Todo iba a la perfección: la cena se hizo todo lo rápido que nos permite el fuego y nos disponíamos a ir a mi habitación con todos los cacharros para cenar y después, fregarlos.  Como buenos ahorradores, decidimos guardar en un vaso el aceite de oliva que nos había sobrado para reutilizarlo otro día. ¿Pero qué pasó? Al verter el aceite de la sartén al vaso, éste se quedó un poco mojado y yo, al cogerlo, lo vertí entero encima de mi mesa. Por suerte, no manchó ni el ordenador ni los libros. Así que todo quedó en un susto y en una anécdota divertida que contar en un futuro.

Pero, el destino no ha querido que esto acabe aquí.

El lunes en clase, estaba muertísima de sueño y decidí comprarme un café (llámalo café, llámalo agua sucia con cafeína). Como todo café de máquina, estaba ardiendo así que lo deje encima de la mesa mientras seguíamos la clase para que se enfriara. Cuando faltaban 5 minutos para acabar la clase, sin querer le di un golpe al vaso y lo tiré entero. ¡Ole yo! 

Volví a tener suerte y el café manchó un poco de la mesa y principalmente cayó al suelo. La rusa de delante tuvieron suerte de la separación que hay entre mesa y mesa porque sino la hubiese bañado entera de café. Obviamente, me metí el susto de mi vida y di un grito medio ahogado y toda la clase se me quedó mirando. Muerta de vergüenza, comencé a limpiar la mesa con pañuelos que Mark y Meri me iban dejando. Para acabar de rematar la jugada, la profesora me suelta: “En el lavabo hay una fregona”.

Así que sí, amigos, después de clase, fui a coger la fregona y me puse a limpiar el suelo. Próximamente pruebas gráficas en facebook de este momento. Mark, ¡yo también te quiero!

Tengo que añadir a todo esto (y para que os acabéis de reír de mi) que los rusos ya me tienen calada. Esta mañana he vuelto a comprarme un café entre clase y clase. Cuando he entrado en el aula, el ruso se me ha quedado mirando en plan “oh dios, vuelve con un café” y le ha dado un golpecito a la chica para que me mirara. He colocado el café encima de la mesa y se han girado para mirarme. Así que les he dicho: “Hoy no voy a volver a tirar el café ¿eh?”

Nota informativa: ¡¡NO SE ME HA CAÍDO EL CAFÉ!! Pero ya tengo la fama ganada… ¡qué remedio!

Más capítulos sobre Lao La manos de mantequilla, esperemos que dentro de mucho tiempo…